jueves, 1 de marzo de 2012

El Refugio Siete Picos

Vuelvo a mi reserva espiritual después de dos días en Madrid que se me han hecho eternos. A pesar de que hacía bueno en la urbe, que las cosas me han ido bien, que disfruté anoche en una cena magnífica en el Maximilian con mi amiga Samantha Devin, y el grupo musical que comandan Adrián, Nacho y Fernando Canales, y que hoy desayuné crêpes de marisco con cerveza de trigo en una terraza de la Plaza de Oriente con el ínclito Adrián, de que luego fuimos al Prado con su pase de privilegio a ver la colección del Hermitage, a pesar de todo eso, ha sido un alivio volver a la ladera de Siete Picos. Incluso declaro que mis andanzas en torno a la Plaza de la Villa no me han producido añoranza sino hartazgo: había más coreanos parados en medio de la acera que seres semovientes. Está claro, ha sido un divorcio en toda regla.


      Como pleito-homenaje a esta casa de la que sigo totalmente enamorado, voy a subir unas fotos que hizo Guri Medrano con su móvil mágico.
      Son de un reportaje mañanero. Mi cama, la suya y el armario de mi dormitorio. Pero tengo que salir, elegir entre otras muchas y reducir su peso. Luego vuelvo.

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