miércoles, 7 de mayo de 2014



Garcilaso y Boscán: la amistad cierta

7 may, 2014 por 
                    publicado en esta fecha por Anatomía de la Historia 


Amistades que son ciertas, nadie las puede turbar.
Miguel de Cervantes

Poetas renacentistas

Entre los pajes que se encontraban en el cortejo del césar Carlos cuando llegó a Sevilla en 1526, para celebrar sus esponsales con su bella e inteligente prima Isabel de Portugal, se encontraba el joven Garcilaso de la Vega. Descendiente de la Casa de Mendoza por parte de padre y de los Guzmanes por vía materna, pertenecía al linaje toledano de los Lasso de la Vega y ya se distinguía en la Corte trashumante del primer rey de España.
Dotado para las armas y apasionado de las letras, era tan hermoso de cuerpo como refinado de espíritu. El prodigio renacentista alcanzado en la Península 70 años antes, durante los reinados de Juan II de CastillaJuan II de Aragón y Juan II de Portugal, más la apoteosis en época de los Reyes Católicos yManuel el Afortunado, halló en él y su gran amigo Boscán el colofón adecuado a una tradición poética en la que habían brillado Juan de Mena, el Marqués de Santillana o Jorge Manrique y que habría de continuarse en Juan de Herrera y los grandes poetas del Barroco.
Plenamente renacentista en sus gustos, no es tanto ya la fama y el honor lo que persigue, al modo del trovar caballeresco del Medievo, sino el trance del amor, la plenitud de la vida natural o las delicias que procura la amistad. Fiel a su contexto aristocrático, cumplía a la perfección su papel cortesano y militar, pero desdeñaba el boato, huía de la pompa vacía y cuestionaba el empeño bélico permanente. Añoraba una Arcadia pastoril y bucólica en la que componer poesía sin tregua, donde sólo se escuchara la música de la flauta o los dulces sones del laúd y la lira.
Como miembro segundón de una familia de abolengo entró al servicio de Su Majestad a los 15 años, y al cabo de dos años fue nombrado contino, es decir, miembro de la guardia personal del Emperador.
A los 19 se distinguió en la guerra que se desató entre España y Francia por la ocupación de Navarra y, tal fue su valor y entrega, que don Carlos le hizo gentilhombre con sesenta mil maravedíes de renta y le concedió el hábito de Santiago. Un año antes había recibido su bautismo de fuego. Fue en la batalla de Olías que los imperiales libraron contra los comuneros. A él le tocó el bando de los señores y gobernadores sabiendo que su hermano mayor, Pedro, peleaba en el contrario. Cuando los cabecillas de esta guerra perdida por incipientesdemócratas fueron ajusticiados en Villalar, Pedro Lasso de la Vega se libró de ser decapitado gracias a su condición de noble y a la presencia de su hermano en la guardia imperial.
De Sevilla, la comitiva regia siguió a Granada, pues don Carlos quería conocer “estos mis reinos de Espanya” y mostrar a su esposa la “maravilha de la Alhambra mora”. Allí Garcilaso se veía a menudo con el marqués de Lombay, futuro san Francisco de Borja y por entonces mayordomo de Su Majestad, quien le presentó a un fascinante personaje llamado Íñigo de Loyola.
En aquel año de 1526 el antiguo capitán guipuzcoano se desvivía por llevar a los jóvenes de la nobleza y la milicia a sus Ejercicios Espirituales, lo único que podía hacer pues se le había prohibido predicar por sospecha de erasmismo y herejía. Inflamado de amor a Cristo y obediencia al papa, ya hablaba de una milicia ideal de castos varones para defender los Santos Lugares, deseo que no pudo cumplir por la sempiterna guerra con la Sublime Puerta y los éxitos militares del poderoso Solimán el Magnífico.
Herido en la defensa de Pamplona, había dejado su vida militar y cortesana para abrazar una religión exaltada con la que expiar su pasado disoluto. Vestido de saco y lacerado con cilicios y penitencias, Loyola quiso ganar para su causa al joven poeta. Pero Garcilaso era un nómada espiritual que transitaba, exquisito, por las esferas del paganismo, el amor platónico y la amistad fervorosa, de modo que no hizo caso al vehemente místico ni quiso saber de culpas o expiaciones.
Por la tarde, cuando la serenidad daba tregua a los afanes del día, Garcilaso recorría los jardines del Generalife con el conde Baltasar de Castiglione, que le interesaba bastante más. Al famoso literato, autor del celebrado libro El Cortesano y embajador de Clemente VII ante la corte carolina, lo había conocido en Sevilla durante las justas que se celebraron con motivo de las bodas reales y enseguida se trabó entre ellos un vínculo de amistad e interés literario mutuo. En uno de esos paseos, Castiglione le presentó a otro humanista italiano: Andrea Navaggero, historiador, poeta y embajador de la República de Venecia, autor de un Viaje por España encantador y erudito.
Caminando despacio entre los cipreses, iluminados por la plenitud del ocaso, Navaggero recitaba a Garcilaso poemas de Petrarca, entonando la voz sobre el rumor de las fuentes. La fascinación del toledano ante la cascada de endecasílabos pudo compartirla su amigo Juan Boscán, quien se les unió recién llegado de su Barcelona natal donde ya había publicado sus Rimas castellanas.
Y tal fue su fervor por la cadencia de esta versificación que Navaggero le sugirió adoptarlos y escribir a la manera de Petrarca en lengua castellana. Garcilaso insistió en ello y hasta hizo intervenir a su madre, quien rogó a Boscán que tradujera a Petrarca. A su vuelta a Cataluña, Boscán superó su temor inicial y decidió entregarse a la tarea, si bien como confiesa sincero “aunque al principio hallé alguna dificultad, fui paso a paso metiéndome con calor en ello”.
Ausiàs March ya había escrito en el siglo anterior poesía de tipo italiano, pero Boscán tiene el mérito de haber sido el introductor definitivo de la métrica toscana en España, tras los intentos un tanto imperfectos de Francisco Imperial y los cuarenta y dos sonetos fechos al itálico modo del Marqués de Santillana una centuria atrás. Garcilaso no tardó en imitar a su amigo y empezó a componer hermosos endecasílabos de corte petrarquista. El arte poético reforzó el vínculo de aquellos dos espíritus afines en una amistad que jamás conoció mudanza ni desasosiego.
Juan Boscán Almogáver era diez años mayor que Garcilaso. Descendiente de armadores y comerciantes de linaje, había nacido en Barcelona en 1493. Como el toledano, siguió la carrera militar y formó parte de la Corte de Fernando el Católico, a quien sirvió en sus campañas de Italia. Al regreso de Nápoles fue nombrado ayo de Fernando Alvárez de Toledo, el futuro Gran Duque de Alba. Debió de conocer a Garcilaso cuando éste tenía 18 o 19 años, en la corte del recién coronado emperador. Juntos leían a Virgilio yHoracio y juntos aprendieron a tocar el arpa y la vihuela con Francisco de Borja, en la Casa de Alba.
La amistad ensambló dos humanistas a quienes ya unía el ideal caballeresco. Con su sentido del equilibrio y pasión por lo hermoso, construyeron una relación que les duró toda la vida y no llegó a sufrir grietas ni sinsabores. Garcilaso dedicó a su amigo Boscán una elegía, varios sonetos y la epístola al modo de Horacio en la que le dice:
Y con vos a lo menos me acontece
una gran cosa, al parecer extraña;
y porque la sepáis en pocos versos,
es que, considerando los provechos,
las honras y los gustos que me vienen
desta vuestra amistad que en tanto tengo,
ninguna cosa en mayor precio estimo.

En las célebres églogas de Garcilaso, Boscán está representado en la figura del pastor Nemoroso, mientras él mismo es Salicio. El afecto personal adquiere así rango de paradigma literario en los campos de laArcadia pastoril.

El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando…

Pero lo más conmovedor es el soneto que Boscán dedica a la muerte en combate del amigo, cuando estaba escalando las almenas de una torre. Éste es el primer cuarteto:

Dime ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?
¿Por qué al subir a lo alto que subiste
acá en esta bajeza me dejaste?


Los periodos históricos. El Renacimiento

Establecer periodos históricos según las normas académicas es naturalmente discutible y resulta artificioso en muchos casos, pero es bien cierto que en la formación de lo que la historiografía anglosajona llama las “mentalidades”, es decir la manera en que las sociedades de cultura afín sienten, necesitan y se expresan a través de los tiempos, existen etapas bien diferenciadas, franjas históricas en las que el inconsciente colectivo tiende hacia modelos que aglutinan el interés común. Son las modas, los estilos artísticos, las corrientes literarias y las distintas escuelas filosóficas que se van dando con el transcurrir de los siglos.
Una vez superado el trance de la desaparición delmundo grecorromano con la llegada de los pueblos euroasiáticos y su superposición sobre la cultura mediterránea, la civilización europea entra en un proceso de reestructuración del poder, fijación de nuevos ideales y relaciones jerárquicas.
La Edad Media es una búsqueda constante, una exploración de la subjetividad aunque siempre constreñida entre los muros del dogma. El Renacimiento abre arcos de luz en esos muros y levanta pérgolas en los jardines de la creación para aposentar de nuevo las estatuas paganas que habían sido arrumbadas por la desidia ignorante y el fervor fanático.
En los templos del conocimiento, donde la Belleza se une en amistad a la Naturaleza, las flores son las verdaderas plegarias y la poesía el canto sagrado, el arte se convierte en el genuino sacerdocio. Ninfas, pastorcillos, bacantes, sustituyen a vírgenes dolorosas, cristos lacerados y santos en trance de sumisión. Se forman logias filosóficas en las que discurrir libremente sobre las cosas de este mundo, a la manera griega o romana.
Junto a la oferta ideológica cristiana basada en una sencilla estructura cuyos ejes son las puertas giratorias pecado/expiación y condenación/salvación, surgen en los siglos XIV y XV, como puestos alternativos ante un gigantesco supermercado, pequeños santuarios estéticos en la historia del pensamiento, altares donde se depositan con el temblor de lo efímero algunos de los símbolos que nutren la mente humana, sus grandes y pequeñas verdades.
En el Renacimiento el ser humano se encuentra a sí mismo. Fluye libremente el arte de poetas, pintores y músicos. En las plazoletas de la amistad se van encontrando muchas almas gemelas que sólo necesitan la mano compañera para seguir adelante.
Los poetas sienten la necesidad de llevar al lenguaje la armonía del mundo. Los arquitectos plasman la perfección en la redondez de las cúpulas, los escultores son capaces de expresar el infinito en la curva de unos hombros y los pintores captan la insaciable melancolía con su juego de perspectivas, luces y colores.
El Renacimiento liberó al hombre de miedos atávicos. Dos siglos después, el Barroco volvería a encadenarlo a la culpa, el oscurantismo y el morbo de la expiación.

sábado, 26 de abril de 2014

La revancha del tiempo

Tengo un amigo sociólogo que ejerce como tal en su tiempo libre, un vocacional que investiga la naturaleza humana con la dedicación de un antropólogo que viviera entre tribus de la selva africana o aborígenes del Pacífico aislados de la civilización.
Se supone que lo suyo, su profesión, es estudiar al ser humano en sociedad y sacar conclusiones, pero si alguien osa acotar su campo responderá de inmediato, con torva mirada y gesto desafiante: “¿Acaso hay algún ser humano en completa soledad?”. Seguramente añadirá una larga cambiada, un adorno a su toreo estatuario del tipo “No hay individuos realmente, sino diferentes estados del ser, distintos modos de estar”. Y luego puede acabar con un plante, una media verónica que le permita salir airoso, mirando a la afición y de espaldas al morlaco del tema: “Las estadísticas siempre engañan”.
            Así que el maestro viene a verme para desfogarse un rato. A mí me ve casi como a un individuo, por aquello de que salgo poco, trabajo en casa, vivo solo y firmo mis trabajos. Sabe bien que soy un seguidor acérrimo de su arte, un fanático de su inteligencia, que le jaleo y escucho interrumpiendo poco. Me utiliza además como pared de frontón para su empedernido vicio de sacar conclusiones, que no estadísticas, sobre esa naturaleza humana que no deja de sorprendernos y maravillarnos a ninguno de los dos. A veces, incluso, me deja participar y me convierto en el contertulio socrático a fuerza de mayéutica (la habilidad de la partera, con la que el amigo Sócrates se refería socarronamente a su técnica de diálogos al límite para llegar a la Verdad, el Bien y la Belleza). No sólo reboto para su diestro antebrazo voleas difíciles y reveses espeluznantes, sino que acabo “pariendo” conclusiones yo también, aunque más literarias. Que es lo que en realidad anda buscando.
            Y así hemos llegado a este concepto de “la revancha del tiempo”. Bello, sinuoso y enigmático hasta que se explica. Veamos si lo logro.
            Dice el magister, apeado de estadísticas y tópicos de pan llevar, que está empezando a conocer a compañeros nuestros –compartimos generación que agota la cincuentena, por eso tal vez me busca con ahínco- que están ya jubilados. Unos porque son algo mayores que nosotros y ya les ha llegado. Otros porque les llegó prematuramente. Y observa, sin necesidad de microscopio ni arduos estudios comparativos, que gran parte de ellos son una especie novedosa, o poco contemplada en todo caso. No se deprimen ni se aburren. La mayoría es, por fin, quien quiso ser de adolescente. Unos, arqueólogos aficionados que van a excavaciones, entran en foros y no se pierden descubrimiento. Otros, poetas, que escuchan el susurro del viento y escriben estremecidos con la voz del trueno. También los hay pintores naturalmente, o quien se dedica con fruición al crochet o la cerámica.
Pero ninguno habla de su pasado, de lo que fue durante casi cuatro décadas.
            “Normal”, le digo. Son aquellos que, presurosos, hicieron oposiciones en los años 70. Lábrate un porvenir, les dijeron, y vaya si se lo labraron. Con el arado al cuello durante más de treinta años. Se dejaron de revoluciones, contraculturas, hipismos y aventuras. A los 24, funcionario/a. Lo han llevado lo mejor que han podido, muchos han tenido hijos que la mayoría ya no conserva en casa. Y ahora la gente está más despejada, añado convencido. Ya no les entretiene tanto contemplar el trabajo de las obras públicas, que además de aburridísimas son cada vez más escasas.
            “Cállate -me dice- Eres un lerdo. Se trata de una liberación ¿no lo comprendes? Es un potencial tremendo, termonuclear, a ver si me entiendes. Imagina lo que podrían hacer con toda su experiencia y conocimiento humanos. Alumbrarían este mundo sombrío, qué digo, siniestro. Lo inimaginable, la revolución de la conciencia, lo único que podría salvar al mundo”.
            Me quedo callado. Sé que necesita mi conclusión literaria. Una liberación conceptual con aroma literario, un apósito astringente a su particular estallido termonuclear. Pienso en algún un juego de palabras que conjure la angustia. Trato de elaborar la metáfora que le devuelva a la paradoja de la existencia humana. Pero antes de que mi lado ingenieril de palabras consiga construir una frase conveniente, me oigo a mí mismo afirmar algo con nostalgia. Como si el filósofo que todos llevamos dentro se hubiera impuesto él solo, por encima de cualquier otra consideración.
            “Es la revancha del tiempo”, digo sin ni siquiera mirarlo.

“Sí, eso es”, me contempla aliviado. “Una oportunidad para apostar de nuevo”.

sábado, 22 de febrero de 2014

Esta entrada es de mi querido amigo Quique López-Viejo.

Es tan extraordinaria y brutalmente buena, que merece este recuadro y muchos más. Conviene aclarar de antemano que Enrique tiene una enfermedad incurable desde hace algunos años, algo en el cerebro que no pueden solucionar. Y sin embargo, este titán lo ha llevado con su sonrisa eterna, su exquisito savoir-faire y un talento, como veréis aquí abajo, indiscutible.

Rindo homenaje a su persona, junto con la inmensa Beatriz, su mujer. Y proclamo el honor de ser su amigo y el orgullo de encontrarme entre sus autores elegidos.

La entrada está publicada en LIBROS, NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA, el blog literario de Luis Barga, otro magnífico escritor amigo de ambos.
(Para leer con calma, sin atropellos de prisa)
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9 DE FEBRERO DE 2014

AlevosíaEl cielo ya no puede esperar 
Por Enrique López Viejo


Giovanni Battista Tiepolo. Alegoría de los planetas y los continentes


En el Cielo no sé exactamente con qué y con quién me voy a encontrar. Veremos. Tengo una idea de ello y concibo ciertos planes. Desconozco cómo estará organizado todo aquello, pero he de suponer que muy bien. Llevan años en ello, ya existía antes de la Creación, hace millones de años, de eternos eones, que es el término científico en esto de medir la Eternidad. Ante la perspectiva de mi llegada, espero que todo vaya bien. No tiene por qué ser de otra manera. Tienen que saber recibir como nadie, dar un trato inmejorable. En esta tarde nubosa, trato de pensar cómo será mi llegada al Edén, cómo estará el acceso, las presentaciones, las órdenes y disposiciones, que tiene que haberlas, el tipo de recibimiento que me harán. Quienes serán los primeros que salude. Todo eso. El ambiente lo imagino galáctico, cósmico. Sideral.

Supongo que primero procederé a la ascensión tras haber expirado consciente o inconsciente, que eso no sé cómo será por el momento. Sé que el cuerpo lo dejaré aquí en la Tierra, que en polvo se ha de convertir, y que subiré ligero de equipaje en espíritu, con alma, corazón y sin vida, con mis deseos y sueños, con el pertinente pasmo. Es pasmoso lo de morirse, pero glorioso lo de acceder directamente al Paraíso sin pasar por el Valle de Josafat para sufrir juicio alguno -que no pienso-, pues me parece un trámite penoso y tendría que esperar al Final de los Tiempos. No tengo paciencia, y tampoco esperaré al Apocalipsis y su follón. Y mucho menos pasar una temporada por el Purgatorio, que parecería prescriptivo para un tipo como yo, pero tengo muy claro que me escaquearé del agobio de la multitud allí reunida y expectante, cada cual purgándose penas y evaluando sus condenas. No tengo necesidad de pasar por él, no quiero, y voy sobrado de indulgencias, muchas de ellas plenarias. No tengo por qué penar nada y de nada me arrepiento. Además, en el Cielo me conocen y saben que conmigo no hay problema, que no les voy a causar dificultades de clase alguna, y que he sido buena gente. De hecho creo que llevan una temporada esperándome, aunque yo me he resistido: tenía algunas cosas que hacer en este mundo del que me despediré pronto. Cuando ascienda al reino celestial, no creo que tenga que llamar a sus puertas, estarán esperándome con ellas abiertas.

Earl Morán. Pin-ups, las tres gracias. 

La Santísima Trinidad y sus acólitos saben que estoy cansado de este Valle de Lágrimas, y se va colmada mi hartura del mundo, del demonio y la carne (de mi cuerpo enfermo, que no es que me haya hecho vegetariano). Decía Marie von Ebner-Eschenbach, austrohúngara escritora con un humor inteligente, que mucho peor es una enfermedad incurable que una terminal. Lo rubrico. Lo sé, he tenido mala suerte con la que me ha tocado. Aunque no puedo quejarme demasiado de mi vida en este mundo. Siendo un optimista y persona que se lo ha pasado muy bien, que no le han ido mal las cosas, afirmo sentencias tan clásicas como que la vida no es un camino de rosas. Por mucha suerte que tengas en todo, lo cierto es que te paren con dolor, la adolescencia suele ser horrorosa, mucho de la juventud es un desenfreno inútil y, a veces, angustioso; la madurez es relativa, con graves disgustos y sinsabores. La vejez no suele venir bien acompañada, se acentúan las servidumbres, no ofrece grandes esperanzas. En la vida humana siempre está presente la puñetera muerte y el maldito paso del tiempo con su inexorable y sicótico tictac. Es el gran hándicap, con la cantidad de cosas que hay que hacer, te tienes que someter a plazos, frenos y ritmos… las estaciones, los días, las horas, hasta los minutos te obligan. Ello me genera una desazón que me impide ser feliz del todo, como uno quisiera. Es tristísima la escasa esperanza de vida que tenemos los humanos, no te da tiempo a nada. A mí me interesa la Vida Eterna y lo que pretendo es ser absolutamente feliz, y creo que es en el Cielo donde mejor puedo serlo. Confío en ello.

El Paraíso se supone que es infinito. En un ambiente que todo se mide en distancias de años luz, y que todo es espacial y cósmico, vivir allí tiene que ser delicioso. Siendo sempiternos, como se dice, tendrán bien planteada la sostenibilidad de todo, de tan estratosférico espacio. La Galaxia. Constelaciones, nebulosas, soles, estrellas, cometas circulantes, planetas, satélites. Tiene que ser un espectáculo tremendo. Nubes divinas, soles tranquilos y amables, lunas románticas, millones de estrellas como velas al borde del camino, un flujo cósmico, disfrutando de un espacio infinito. Es todo el firmamento. ¿Agobio? Ninguno. El cielo es muy grande. Fabuloso. Melocotón, violeta, malva, fucsia, azules todos, y rosas, seguro. Así nos lo han mostrado durante siglos, con una belleza barroca y rococó exquisita, aunque puede que se haya actualizado mucho en estos tiempos modernos tan virtuales. Si el Cielo ya era virtual en esencia, ahora con las interferencias astronómicas, astrológicas y astrofísicas, con el tránsito galáctico que tenemos los terráqueos en la actualidad, el Paraíso rizará la virtualidad de lo virtual. (No pienso encontrarme con un ambiente “narco-zen” porque me daría algo, un síncope atómico. Las cosas como son: el cielo con nubes y querubes.)

A pesar de tan inmenso espacio, hay que suponer que el Cielo estará plagado de gente. Desde tan antiguo, tantas buenas personas que ha habido, tanto perdón y remisión de los pecados, propósitos de enmienda, tanta redención y penitencia, el tránsito con el Purgatorio, habrá llenado aquello de gente, gente, incluso, que no te quieres encontrar, los tontos de remate y peleles inevitables en todos los mundos. Pero quiero pensar que en aras de la Paz Celestial, lo tienen que tener todo bien estipulado para que reine la Concordia mayúscula. Tienen sobrada experiencia en acomodar excelentemente y evitar los litigios. Grandes anfitriones. Fijo. También habrá algunos malos que se habrán colado sobornando a serafines traidores, que los hay, y muchas malas, como es lo natural y celestial por otra parte. Bellas y perversas que, por sus artes, su influencia, o por ser verdaderos ángeles en la Tierra disfrazados de demonios, estarán allí prestas a saludarte y tomar un screwdrivercontigo. ¿Por qué no?

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Pero volvamos a la llegada tras la ascensión. ¿A quién encontraré? Por lo que imagino y he visto documentado, me recibirán media docena de putti soplando sus doradas trompas, angelillos encaramados en nubecillas que con sus brisas me introducirán tras los telones al Olimpo de los dioses, de los héroes y arcángeles. Supongo que me llevarán a los despachos de San Pedro, que es la mano derecha del dios que a mí me toca. El Cielo debe estar repartido en distintas áreas. Para los de Zeus y su inmensa banda grecorromana, ancianísimos todos; para los de BudaShivaKrisna y los védicos, los infinitos aztecas y de por ahí, Ometeotl Tonacacíhuatl, ¡qué sé yo! (Redundando, sabe Dios qué cantidad de dioses hay por allá.) Todos tendrán que tener su parcela cósmica, los que se reencarnan en vacas o en lechugas pacerán en los verdes campos del Edén. En la cósmica galaxia hay infinito espacio para todos, para que todo el mundo esté feliz y contento.

Así que bien San Pedro bien los santos que le cubran estas funciones serán quienes me darán la bienvenida formal y las indicaciones pertinentes. Dónde debo dirigirme, cual será mi ámbito. Entiendo que querrán saber cuáles son mis pretensiones, mi ideal de Vida Eterna. Quiero pensar que me consultarán sobre a quiénes quiero ver y a los que no. Pido tranquilidad. No voy a pedir mucho. Como lo he sido en la Tierra, seré austero. Mi solicitud será una biblioteca de libros divinos (como no puede ser de otra manera allá arriba), un poco de música celestial, una buena mesa, un diván y una cama turca. Una buena lámpara y una bergère Luis XV para pasar las tardes con un libro en la mano, un saloncito para las visitas, todo ello en una nubecilla malva o violeta. Les diré que mientras espero que mi mujer acabe sus días en la Tierra, me vayan presentando a algunas damas y otros protagonistas de la Historia que me apetece conocer, además de saludar a la familia, a mis abuelas y padres que murieron hace tiempo, y a los que tengo enormes ganas de ver, a mi querido hermano con nombre de dios, Jesús-Félix, a algunos amigos fallecidos.

Eso es. Solo quiero un rincón de lectura, unas tertulias y poder beber un poco, no tener servidumbres físicas, la ausencia de dolor. Siempre se nos ha dicho que en el Cielo no se sufría, que estabas en la Gloria y podías pasar la Vida Eterna la mar de contento, con amable diversión. La vida en este planeta nuestro ha sido un torbellino, todo ha ido demasiado rápido y, particularmente, me queda mucho por disfrutar, por conocer.

Jane Russell y Marilyn Monroe en "Los caballeros las prefieren rubias"


No sé si saludaré pronto a Dios. Estará muy liado. Tampoco quiero encontrármelo al principio, tendría que comentarle algunos respectos que me disgustan en el sistema terrícola, y evitaré provocar su animadversión a mi persona según me esté instalando. Él es todopoderoso y yo no, llego muy perjudicado como para que me haga una providencia y me envíe a una previa en el Purgatorio, del que ya he comentado mi fobia. Tiene que ser muy aburrido. Lo imagino tan tedioso como una exposición de arte abstracto, como el discurrir de un filósofo absurdo, como la música dodecafónica. Una granja para pollos. Sería una faena. Debo ser temeroso de Dios, es un consejo que siempre nos han dado.

Lo dicho, pasados los trámites entre santos y ángeles, saludar a mártires de interés, y ver la galería de los héroes y mitos de todos los tiempos que confío tengan expuesta, que me den “la comunión de los santos”, me encontraré con la familia y disfrutaremos del recuerdo y de las noticias que les lleve. Luego, a conocer gente que para eso hay un montón, a saludar a los divinos. En el Cielo tienes desde Lucy in the sky con diamantes, la australopiteca de Olduvay, a María Magdalena, que tiene que estar mayorcísima, o a Santa Teresa de Jesús, que vete a saber lo que te cuenta. A Cleopatra, que habrá purgado su suicidio, a Santa Rita de Casia, patrona de los imposibles, a la que rezo con cierta frecuencia, a muchas más. A todas las importantes.

Gene Tierney

No me pierdo conocer a Catalina la Grande, que sujétate los machos, a Marilyn Monroe, que nunca sabes si va estar bien o mal, pero que siempre está fenomenal. Ella me proveerá de benzodiacepinas para las primeras noches en las que seguro no podré dormir de los nervios. Quizás me ponga rápido en contacto con Billy Wilder y con el mayor de los Marx, Groucho, los más divertidos. Quiero hacerme con una buena tertulia y prefiero damas como la PompadourLady Jane Digby, o guapas guapísimas como Jane Russell o Gene Tierney, a otras tan trágicas como Billie Holiday o la Piaf, por mucho respeto que les puedo tener. La Pompadour me presentará a Fragonard y a Quentin La Tour, con lo que me garantizo disfrutar de buena pintura en medio de las perspectivas galácticas que privan allí arriba. Pintores quiero conocer a Thomas Lawrence, a Singer Sargent y a Boldini, que me expliquen su éxtasis al retratar a las mujeres como lo hicieron, y en el caso de Giovanni Boldini, como pudo amar a tales y a tantas. A Ilya Repin, ruso que no puede gustarme más, a Alma-Tademaque con este nombre, y cómo pintó, estará omnipresente en aquellos lares. De igual manera, omnipotente y omnisciente, a Tiépolo: ningún cielo mejor que sus frescos.

¿A qué varones me gustaría encontrar los primeros días? Eludiré a muchos. Ya he soportado suficientes en la vida terrenal como para encontrarte con la tortura de tener que tratar con tantos hombres buenos como habrá en el Paraíso. Porque todos los dioses, exceptuando quizás a Alá, tienen la manga ancha y aceptan a demasiados en el Reino de los Cielos. En todo caso, también los musulmanes poseen su Walhalla, la Yana, paraíso con huríes muy colorido, y entre ellos, los ismaelitas con sus assessins, serán proveedores finos de su droga. De este ámbito celestial me conformo con las amigas turcas de Pierre Loti.

Francois Boucher. Madame de Pompadour

Lo que decía. No sé si pronto podré ver a algunos que me interesan. Precisamente, no sé si van a estar. Quisiera inclinarme ante William Thackeray, ver al Capitán Burtonsir Richard Francis, aLawrence Durrell, que me explique cómo escribió su Cuarteto de Alejandría, qué tenía en su cabeza para crear esos personajes, a Truman Capote para que me lo cuente todo. Menudo Parnaso. No sé si voy a encontrarlos, puede que les tengan un poco ocultos. Pero seguro que sí a otros comoTolstoiProust Carpentier; estos tendrán plaza fija, sus académicos sillones al lado izquierdo de Dios, pensando que en el derecho, a su diestra que dicen, estarán los coros celestiales dirigidos porArcangelo Corelli, de nombre tan propio para llevar la batuta, con toda la familia Bach, ocupando la primera fila, con Haydn Mozart, tan escatológico él. Con tantos. Imagino que Augusto el Fuerte, príncipe elector de Sajonia, rey de Polonia y Gran Duque de Lituania –nada menos-, monarca más divertido de la Historia, estará muy cerquita de Dios, de su trono, organizando estos affaires, que para eso fue mejor mecenas que ninguno. El Creador del Universo tiene que tener gente muy preparada a su alrededor. No creo que pase las tardes con personalidades menores que las de Miguel Ángel,BerniniCervantesShakespeareGoethe John Ford y Visconti, con otros primeros espadas, ya sin ellas, quizás tocando la lira o el arpa. Madame Récamier, la Du Deffand, o Ninon de Lenclosserán sus comadres vespertinas. No veo al Creador con otras.

Su hijo, Jesucristo, no me extrañaría que anduviese por aquí en la Tierra, pues se empieza a necesitar su Parusía, su regreso, que las circunstancias políticas y socioeconómicas del mundo le obliguen a él y a sus apóstoles a hacer campaña en breve, justo cuando yo esté llegando allí. Es por ello que quizá no me vea con San Pedro directamente al principio; quizá sean los arcángeles quienes me sellen la visa eterna.

Pienso, por otra parte, que antes de encontrarme con tanto dieciochesco y decimonónico, no serán una morena y una rubia mis ángeles de la guardia y me obnubilen con el opio que con tanta gracia deben repartir por allá. Además, llegar y pasearte con dos bellas señoritas provoca sus recelos. Buscaré a Johnny Cashghost rider in the sky, que sea él quien me ponga a tono y en órbita. Como es man in black, lo identificaré rápido en un ambiente tan algodonoso, tan de tules y muselinas. Estará provisto de las mejores anfetaminas, y será quien me conducirá por las vías lácteas, de una nube a otra, encontrándonos con aquellos a quienes quiero ir saludando, con los que pienso hacer pandilla.

Jacques Louis David. Madame Récamier

En fin, que ya me veo en el Cielo. Visitando a unos y a otros. Con las pastillas que me den Johnny y Marilyn, con el hachís de los ismaelitas, con los vodkitas que me tome con mis amigos eslavos leyendo sus novelas, con el champagne al que nunca renunciaré, y menos en tan celestial ambiente. Solo faltaba. No hay mejor éxtasis místico que disfrutar del burbujeante brillo dorado transluciendo el cuerpo de Raquel Welch (bueno, la Welch todavía está en este mundo, pero la puedo esperar). Ya me sitúo en el Cielo colocado. No tengo remedio. En relación con Morfeo, dios egeo que tiene gran influencia en la Gloria, ya he tratado lo suficiente con él los últimos malhadados tiempos, y quiero aprovechar la Eternidad en toda su Plenitud.

Concluyendo: como me queda muy poquito tiempo en esta Tierra, ya planeo estas cosas que les he contado, queridos lectores. Más o menos cómo va a ser mi llegada al Cielo, algunos con los que pienso trabar amistad y mi ilusión de Vida Eterna.

En un sms me envían un comentario que me ha hecho mucha gracia, muchísima. Es un genio el que se hizo esta pregunta que reproduzco sin saber a quién atribuir: ¿los vagos vamos al Cielo o nos vienen a buscar? Particularmente, me da igual, me voy encantado.

Buenas tardes. Para otro día dejo a los ángeles y serafines que vaya conociendo, gente muy singular. A tanto mártir como hay que reconocer y venerar, a tanto ilustre glorioso como me encontraré allá arriba. Ya, ya les contaré. Podré continuar eternamente.

Raquel Welch

Enrique López Viejo (Valladolid, 1958) es licenciado en Historia Antigua y Geografía por la Universidad de Valladolid. Cursó también estudios de Ciencias de la Información en Bellaterra (Barcelona) y ha ejercido como docente, profesión que abandonó para emprender negocios privados que le llevaron a Mallorca, donde reside. Es el autor de Tres rusos muy rusos. Herzen, Bakunin y Kropotkin (Melusina, 2008) Pierre Drieu la Rochelle. El aciago seductor (Melusina, 2009) y La Vida crápula de Maurice Sachs (Melusina, 2012)

viernes, 31 de enero de 2014


Pedro J. Ramírez, despedido de El Mundo

Este es un comentario que publiqué en Facebook el jueves  30 de enero de 2014 y que provocó un hilo profuso, del que quiero destacar la polémica que mantuvimos Miguel Vidal (amigo de Daniel Arjona) y yo, a propósito del liberalismo y lo neoliberal.

Dani Arjona, redactor de El Mundo a quien conocí cuando empezaba en el periódico, es, además de un tipo divertido, genial y extremadamente inteligente, un model ode periodista y digo yo que la esperanza blanca de la renovación de ese periódico que llegó a significar mucho en la prensa española y luego perdió su identidad y su tirón por caer en el amarillismo, el narcisismo de su director y la servidumbre a unos y otros, a cambio de un plato de lentejas que al final nadie le dio.

Este era el post mío que comenzaba el hilo:
Creo que sin Pedro Jota, francamente, El Mundo puede ser mejor periódico y volver a su etapa dorada de los 90 que, curiosamente, impulsó él. Digo curiosamente porque Pedro Jota es claramente un caso de involución. Era un periodista honesto, demócrata a machamartillo, rebelde (eso lo ha seguido siendo) y liberal, pero liberal de verdad, no me refiero a esos ultras de la economía que se hacen llamar neo-liberales porque odian que el Estado meta la nariz en sus componendas.

Así fundó El Mundo, que fue un periódico progresista y tolerante donde cabían firmas de todo tipo. Tenía pasión por denunciar sí, siempre la ha tenido (ya en Diario 16, que tuvo que dejar por eso), pero insisto, de forma honesta, buscando la verdad y defendiendo al ciudadano del poder, al oprimido, al amordazado, como debe hacer un liberal auténtico: guardarse del poderoso sin caer en la adulación, comprender al igual y colaborar, defender al precario o al sometido con solidaridad.

Poco a poco, sin embargo, fue cambiando esos principios. Creo que el punto de inflexión fue la llegada de Aznar al poder y lo amiguitos que se hicieron en la segunda legislatura, ésa en la que Aznar perdió los papeles. Ramírez, no lo digo sólo yo, aspiró entonces a ser el consejero aúlico del presidente, la gran influencia y el prestigio intocable en el claroscuro del Cuarto Poder. Lo vi claramente cuando presentó el libro de Aznar, cual rector magnífico de la Nova Hispania Universalis, en el club de prensa a finales del siglo pasado.

Le traicionó su enorme vanidad, es evidente. El periódico dejó de ser la casa común de periodistas de todas las tendencias políticas porque se ofreció como moneda de cambio a la derecha aznarista y con ella derivó hacia posiciones cada vez más ultras. Yo colaboré con el diario felizmente durante siete años, publiqué decenas de artículos en el dominical, el Magazine, la Aventura de la Historia, la última del Crónica y en La Esfera de los Libros como crítico literario. Nunca se me rechazó un artículo salvo una diatriba que escribí contra el Libro Rojo de las Marcas del gurú publicitario Luis Bassat, por miedo a que se enfadara y retirara su cuantiosa cuenta. En la redacción había un gran ambiente. Dirigía La Esfera Miguel Munárriz, un gran periodista progresista y el redactor-jefe era Alfonso Basallo, otro excelente periodista de derechas que acabó dirigiendo La Gaceta, pero allí no había conflictos porque el veneno de la política no había entrado, no había trincheras ni consignas ni estrategias amarillistas, como ha sucedido después.

La brecha, o la sima, fue el 14-M. La defensa numantina de Aznar y el equipo del PP, la obsesión por culpar a ETA despreciando la evidencia y la labor de la policía, los jueces y los fiscales, fue -y aún es- sencillamente patética. El periódico se volvió "amarillo" y dejó de ser fiable. Comenzaba una andadura del quijotesco director que sólo siguieron sus fieles adictos. Como otros cuantos, yo dejé de publicar en 2004. Hace poco, cuando fui a una entrevista a Periodista Digital, estuve charlando con Alfonso Rojo, que siempre nos hemos llevado muy bien y que en mi opinión sí que ha seguido siendo honesto. Rojo, que era de El Mundo desde la primera hora, también abandonó el periódico asqueado por la deriva. Una cosa es el periodismo de investigación y otra fabular con la realidad para intentar manipular la opinión pública.

Pero a Pedro Jota ya se le había ido la olla antes, como digo. Creo que fue en 2000, más o menos, cuando decidió comprar El Cultural con la opinión contraria de muchos de sus colaboradores. Entonces La Esfera estaba en pleno apogeo, era el extra cultural más potente y con mejor diseño de los que se hacían. Pero al parecer la posibilidad de quedarse con la criatura de Anson y llevarlo de paso a su cuadra pudo más que cualquier razonamiento. Otro delirio de vanidad: poner bajo su égida a uno de los monstruos sagrados del periodismo español, alguien que le hacía sombra. Le costó una pasta y, si no me equivoco, la desembolsó él solito.

Luego sorprendió a todos con ideas cada vez más conservadoras sobre los derechos de los homosexuales y la religión, por ejemplo. Lo dicho: involución, que también existe.

Ya no tengo contacto con la redacción del periódico, pero me gustaría dar un abrazo a quienes aún tienen esperanza de que una cabecera como El Mundo pueda remontar estos años de plomo y volver a ser un referente en la prensa libre e independiente. No sé si sabrá hacerlo Casimiro Abadillo, que es de la cuerda de PJ, pero ahí hay periodistas excelentes que merecen respeto y apoyo, como Daniel Arjona, por ejemplo, a quien conocí siendo becario, cundo publicó la colección de libros sobre la Guerra Civil (yo escribí casi entero el nº 4) y que hoy es redactor-jefe de El Cultural, un hombre lúcido, honesto y sensato, moderno en el mejor sentido del término, que podría ser el modelo de lo que necesita el periódico para remontar.

En cualquier caso, y aunque don Jota ha querido irse esparciendo otra ventosidad tóxica ("que le echaba Rajoy"), también merece una despedida. Gran periodista, sí, aunque subido de tono y más papista que el papa. Ha sido destituido por aquellos a quienes tuvo que venderles la parte del león del holding empresarial. Y punto
.



MIGUEL VIDAL
Una precisión: no conozco a nadie "que se haga llamar neo-liberal". Es normalmente un insulto o una caricatura que los antiliberales endosan a los liberales, sin base política o ideológica alguna. Nunca corriente liberal alguna (salvo el ordoliberalismo de los años 30) se ha reclamado a sí misma de algo denominado "neoliberalismo".

Si es muy fácil, no hay que usar subterfugios: si se quiere uno referir a las componendas del capitalismo de amigotes tenemos el "crony capitalism" o el capitalismo clientelar. Y si por el conctrario uno quiere hacer referencia a los enragés que odian al Estado con todas sus fuerzas (entre los que dudo que nunca se haya encontrado PedroJ ni sus amiguetes), no hay que andar con paños calientes ni prefijos absurdos (ultra-, neo-): se les llama libertarios, anarquistas o anarcocapitalistas, y no se ofende a nadie, empezando por la verdad. Uno de ellos, a los que nunca habrá citado PedroJ en sus homilías dominicales:http://www.enemigosdelestado.com/odias-al-estado-murray.../


IGNACIO MERINO
Miguel Vidal, aprecio tu puntualización aunque no la comparto del todo y ya que te pones didáctico y hermeneútico, me pondré yo también.
El concepto "neo-liberal" circula desde hace tiempo en los medios de comunicación, desde la era Reagan-Thatcher, sus grandes adalides. No es exactamente un epíteto que ridiculice, aunque gente de la socialdemocracia y la izquierda marxista lo utilicen con esa carga semántica. Es meramente descriptivo. En los medios anglosajones se utiliza "neocon", como sabrás. Nadie se llama en público neo-liberal (o casi nadie) como tampoco se llama rojo o facha, que también tienen carga despectiva.

El Neoliberalismo está perfectamente estudiado en los ensayos contemporáneos de sociología y política. Consiste en abrazar la desregularización del mercado y en apoyar la menor injerencia del Estado en la vida de las personas. Estos dos rasgos, de aparente libertad, son los que les dan la pátina de liberales, que viste mucho ¿o no has escuchado a Esperanza Aguirre, por ejemplo, dárselas de liberal? Por no citar a muchísimos más.

Yo creo como tú que el nombre es falso y engañoso. Yo los llamo anarquistas de derechas, porque desconfían del Estado y las insituciones. En España hay muchos, por cierto, sobre todo entre los ricos de verdad. SE dicen liberales porque reclaman libertad absoluta para sí mismos, pero nada tienen que ver con la tradición liberal, comenzada en la España de 1812 como sabemos, de respetar derechos comunes y buscar instancias democráticas a través de pactos políticos y constitucionales.

Llevo estudiando el liberalismo más de 30 años. Es uno de mis temas más queridos. Incluso me siento liberal por los cuatro costados, pero como dijo Indalecio Prieto me hice socialista a fuer de liberal (socialdemócrata, más bien). Sé de lo que hablo y te aseguro que no uso subterfugios, por mucho que te parezca que lo único válido es cómo lo ves tú.


MIGUEL VIDAL
No quería enmendarte ni dudar de tu competencia en la materia. Solo acotar que el "neoliberalismo" nunca ha sido un término "descriptivo" de nada, que es muy reciente y que nació en el ámbito de la izquierda como forma de referirse despectivamente al liberalismo. Carece de toda base doctrinal y académica relevante: o bien se refiere al liberalismo con tal (y entonces no significa nada diferente) o bien a una caricatura (como asociarlo a los "neocons", con los que no tienen mucho que ver). Abrazar la reducción del Estado en la vida de las personas no es "neoliberal", sino puramente liberal. Se habla de "neoliberalismo" para referirse a cosas incluso opuestas (como los neocons y su ardor guerrero e intervencionista, o el ardor religioso delTea Party), vale para todo, para una cosa y su opuesto, lo que nos lleva al principio de explosión, que es por lo que si lo aceptamos se puede predicar cualquier cosa de él. Es imposible que nadie o use con rigor, porque carece de todo rigor (como bien dices, sería como pretender elevar el término "rojo" o "facha" a categoría académica). Sobre si los "ricos de verdad" son o no anarquistas, no tengo datos, ni creo que tú los tengas: pero en general los que se manifiestan suelen ser más bien socialdemócratas, salvo raras excepciones, por la sencilla razón que es la ideología "mainstream" y su variante clientelar-estatista con el que muchos se hacen "ricos de verdad". Yo también lo he estudiado y leído algo y puedo decirte que la tradición anarcocapitalista es una rama perfectamente legítima del liberalismo, según sus mentores, está perfectamente imbricada en el liberalismo clásico anglosajón original, que es anterior a la de España de 1812. 

De todas formas, aunque me interesa el tema, todo esto nos lleva mucho más allá de lo que pretendía, que era simplemente señalar que nadie se autodenomina a sí mismo "neoliberal" ni ningún autor académico liberal ha descrito nunca una corriente semejante (salvo en el caso del ordoliberalismo claro, al que lógicamente no te refieres).


IGNACIO MERINO
Miguel Vidal, vuelvo a nuestra polémica porque releo tu comentario y como discrepo en bastantes cosas, voy a intentar resumirlas. Así, además, paszaremos página al dichoso temita de la autoría del atentado de Atocha, que me crispa un poco, la verdad.
Como buen español-tipo, digo yo, te muestras incapaz de admitir la raíz española del término "liberal" y su significado político (ya un poco arcaico, evidentemente). El "liberalismo clásico anglosajón" al que te refieres, tan tópico, sencillamente no existía antes del siglo XIX, en términos políticos, en una sociedad fuertemente estamental como la británica cuya revolución del siglo XVII consistió en quitar poderes al monarca para transferirlos al parlamento y a un dictador llamado Cromwell. La Revolución Gloriosa fue democrática, de reforma del procedimiento pero no contemplaba derechos universales. El liberalismo inglés comenzó en el XIX, con el Romanticismo, del que es parte inseparable, o manifestación política de la mentalidad romántica, como les gusta decir a los historiadores británicos con hermosa precisión. ¿Por qué crees que la palabra "liberal", e incluso "liberalismo" se ha conservado en su raíz española? Por lo mismo que "guerrilla" (pronúnciese "güerrila" en inglés), porque fueron manifestaciones -o mentalidades- típica y tempranamente españolas. 

El liberalismo como doctrina política que promueve derechos y libertades en el marco de una legislación sin privilegios, es una creación española, aunque ciertamente influenciada por las revoluciones norteamericana y francesa. 

El término "neoliberal" sí es descriptivo y, por supuesto, contemporáneo, por eso no lo podrás encontrar en autores clásicos o académicos, como dices, del tipo de José Luis del Corral o Maravall, por ejemplo. Obviamente se refiere al "pretendido" liberalismo de nuevo cuño que es antiestatal en lo privado e intervencionista en las relaciones internacionales, que proclama la libertad absoluta de los mercados pero se desentiende de los derechos que protegen a las minorías o a sectores perjudicados, que sostiene el oligopolio.

No es un invento izquierdista sino periodístico y por eso es netamente descriptivo. Desde el siglo XIX los media son los cauces de opinión y en en ellos operan individuos que ni son especialmente socialdemócratas ni conservadores, gente "normal" digamos, sensata, que gusta llamar al pan "pan" y al vino "vino". Y para distinguir esta tendencia que floreció con Reagan y Thatcher, los llamaron neoliberales. Los neocon son los hijos de los 90, más ultras, más conservadores y confesionales. El Tea Party no tiene nada de liberal.

Discrepo también de esa visión condescendiente que lleva a decir que la mentalidad dominante es socialdemócrata, con cierto desprecio, algo que últimamente repite con cierta frecuencia una derecha rancia, nostálgica y huérfana de referentes actuales. Lo que llamas " ideología mainstream" como si fuera una plaga, a la moda del Times o el Wall Street Journal, es sencillamente, creo yo, la renovada mentalidad democrática actual que sacude el mundo, el deseo general y la aspiración cívica de que las cosas que afecten a la "cosa pública" (la res publica, para los republicanos fervorosos) se manejen de forma transparente, equitativa y justa, sin servidumbres a instancias de poder u opresión financiera, religiosa, partidista o ideológica, algo muy normal por otra parte. Ésa es, creo yo, la ideología mainstream, la corriente mayoritaria de pensamiento actual que tanto la derecha-derecha como la izquierda recalcitrante califican poco menos que de utopías burguesas liberales o pienso para borregos.